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Relato de Halloween (por Paloma Navarrete)

 

Halloween

 

Cuando era niña y Octubre se acercaba a su fin la abuela se ponía en movimiento. Se encasquetaba su pequeño sombrero negro con velito y partía de excursión al mercado. No era frecuente que la abuela fuera al mercado, tan sólo lo hacía en las grandes ocasiones y parecía que se acercaba una muy especial. A los pocos días de estas idas y venidas en la cocina aparecían cuatro hermosas calabazas. Entonces llegaba el momento más emocionante, la abuela con ayuda de la cocinera Dolores, una oronda gallega de mal genio,pero buena como el pan de su tierra, vaciaban las calabazas, las tallaban y las convertían en cabezas con ojos, nariz y boca en cuyo interior fijaban una vela. Las colgaban en unas cuerdecitas y así quedaban convertidas en una especie de luminarias fantasmagóricas.

 
Halloween
 
Luego venía la segunda parte del ritual, con sábanas viejas nos confeccionaba unas vestimentas de fantasmas y el equipo quedaba listo pata su estreno la tarde del 31 de octubre. Tarde que yo pasaba en un sin vivir esperando impaciente la campana que, a las seis, anunciaba el final de las clases.Una vez en casa la abuela y Dolores nos vestían, encendían las velas, abrían la puerta de la calle y a eso de las siete y media, cuando ya la tarde se había convertido en noche y los faroles lucían temblorosos, empezaba nuestro recorrido por los distintos pisos de la casa.
 
 
Halloween
 
¡Uuh! Somos los fantasmas de los muertos decíamos muy en nuestro papel, a la muchacha que normalmente abría la puerta y enseguida gritaba: “señora son los niños del quinto” y la señora, que ya se sabía el ritual acudía con unas pesetillas que repartía entre nosotros.

Eran vecinos de toda la vida y aceptaban de buen grado la visita de los niños del quinto.

 

En aquellos años en España no se sabía nada de Halloween tan sólo en las profundidades de Galicia y Asturias se guardaba memoria de la antigua fiesta celta de Shamhaim, bajo el signo de Escorpio, que significaba el inicio del año y la entrada en los meses oscuros.

 

HalloweenLa abuela me contaba que antiguamente en todos los hogares gallegos se encendía un buen fuego en la lareira y esa noche se hacía una comida especial en honor de los antepasados, a los que se ponía un sitio en la mesa. Todo ello porque esa noche la frontera sutil entre este mundo y el Otro se hacía más permeable y los espíritus buenos y malos se acercaban a los vivos.

Evidentemente, a los ancestros familiares se les invitaba a cenar y a los malignos se les echaba a la calle.

La tradición de usar trajes y máscaras truculentos viene de la antigua creencia de que al adoptar los vivos el mismo aspecto que los espíritus oscuros evitaban ser agredidos por éstos.

Era la noche más mágica del año, las meigas se dedicaban a la adivinación para poder predecir acontecimientos venideros y a elaborar pócimas y ungüentos.

Yo sabía que lo que me contaba la abuela era verdad, estaba segura de que lo era por la sencilla razón de que en una ocasión, cuando bajaba por la escalera con mi sábana y mi calabaza me crucé con Don Fernando, que subía andando camino de su casa. Don Fernando era el abuelo de los chicos del segundo, un señor alto, delgado, con barba y bigote blancos, guapo y encantador, que siempre me saludaba por mi nombre. Don Fernando me sonrió, me guiñó un ojo y siguió su camino. Todo muy normal si no fuera porque el señor en cuestión había muerto hacía tres meses y, naturalmente, debía acudir a cenar con los suyos. Eso no se lo conté a la abuela.

La historia me fascinaba, desde un punto de vista todo encajaba muy bien, pero ¿qué pintaba en ella la calabaza? Como yo era bastante persistente una tarde pillé a 'Agüe' zurciendo calcetines junto a la ventana y ataqué la cuestión.

Halloween

Verás, hijita, contestó ella con paciencia, la tradición de la calabaza se incorporó después, su origen es irlandés. Hace unos cuantos siglos vivía en Irlanda un individuo mal encarado, bravucón, borracho, tacaño y muy astuto llamado Jack.

La vida de Jack transcurría en las tabernas más que en su granja y una noche, precisamente la “Noche de Brujas”, tuvo la mala suerte de encontrarse con el diablo en busca de alguna víctima que llevarse al infierno. Cuando el diablo vio a Jack se ofreció a pagarle una copa si le vendía su alma y el borracho aceptó. Entonces el maligno se convirtió en moneda para pagar al tabernero y el astuto Jack la cazó al vuelo y la metió en su bolsa donde tenía una cruz.

A estas alturas yo estaba sobre ascuas ¿Y qué pasó abuela, qué pasó después? - Pues pasó que en la bolsa como estaba el crucifijo el diablo se encontró atrapado y no pudo retomar si forma original - Entonces el malicioso Jack le propuso otro trato. Te dejo salir, le dijo, si no vienes a reclamar mi alma hasta dentro de diez años. Al diablo no le quedó más remedio que aceptar y así quedó la cosa. Pero a los diez años regresó, encontró a Jack en el campo y reclamó su deuda. A Jack, que seguía siendo tan tramposo,estafador, borracho y astuto como siempre, se le ocurrió una buena salida a esa situación y contestó: estoy dispuesto a irme contigo pero si no te importa ¿Puedes subir a ese manzano y traerme esa manzana tan hermosa de ahí arriba? - El diablo pensó que bien podía satisfacer el último deseo de un condenado y subió. Inmediatamente antes de que el encaramado en el árbol se diese cuenta Jack talló una cruz en el tronco y, una vez más, dejó atrapado al diablo.

¡Qué lío! - pensé yo - a estas alturas el pobre diablo empezaba a caerme bien.

En fin - prosiguió la abuela - el diablo tuvo que aceptar de nuevo las condiciones impuestas por Jack. - Si quieres bajar, tienes que prometerme renunciar para siempre a mi alma - le dijo. Y así fue.

Jack siguió durante muchos años cometiendo felonías pero, al fin murió y se presentó ante San Pedro, por si colaba, pero no coló. San Pedro en cuanto consultó el expediente lo remitió al infierno. Ahora me daba pena Jack.

La abuela había terminado la ración de zurcido y se disponía a levantarse. – Pero 'Agüe' ¿qué pasó cuando le abrieron la puerta, se quedó ahí para siempre? - ¡Ah! No hijita, el diablo había renunciado a su alma y no le podía admitir de modo que le dijo - lo siento pero tendrás que volver al mundo de los vivos y vagar por él eternamente - El camino de vuelta era muy oscuro y Jack pidió al diablo un último favor, una luz para iluminar su senda y el diablo le regaló una brasa del infierno para que le iluminara eternamente. Para no achicharrarse, Jack la metió en un nabo que estaba comiendo. Así fue como el astuto Jack se convirtió en el famoso Jack O´ Lantern, eterno vagabundo

- La noche del 31 de octubre los celtas irlandeses ponían en la tumba de sus seres queridos un nabo ahuecado con un carbón dentro para iluminarles el camino hacia este mundo y darles la bienvenida - aclaró la abuela.

Halloween

 

 

Cuando los irlandeses llegan a América, llevando en su equipaje todas sus tradiciones, descubren las calabazas, mucho más hermosas y más grandes que los nabos de su tierra y las sustituyen por éstos. Desde entonces Jack O´Lantern porta una calabaza.

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- ¿Todo es verdad, abuela? - Palomita, cada pueblo tiene sus tradiciones y esta historia la oí yo, cuando era pequeña, una noche al amor del fuego de la lareira.

 

Firma Paloma Navarrete



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